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Perspectiva invertida: el espacio del icono

hace 4 días
5 min de lectura
La construcción de la mesa y otros elementos permite observar el tratamiento particular del espacio iconográfico
La construcción de la mesa y otros elementos permite observar el tratamiento particular del espacio iconográfico

Quien contempla por primera vez un icono antiguo puede tener la impresión de que algo extraño sucede con el espacio. Una mesa parece abrirse hacia nosotros, un edificio muestra al mismo tiempo lados que desde un único punto de vista no podríamos ver y un objeto situado al fondo no disminuye como esperaríamos. Desde las reglas de la perspectiva que hemos aprendido a reconocer en la pintura occidental, algunas de estas formas podrían parecer errores de dibujo. Sin embargo, forman parte de una manera diferente de construir el espacio: la perspectiva invertida.


¿Qué es la perspectiva invertida?

La perspectiva invertida es uno de los procedimientos mediante los que el icono organiza su espacio sin someterlo a las reglas de la perspectiva lineal. En esta última, las líneas parecen aproximarse a medida que se alejan del espectador y convergen hacia uno o varios puntos situados en la profundidad de la representación. Los objetos disminuyen al alejarse y la pintura puede producir la ilusión de una ventana abierta hacia un espacio que continúa detrás de su superficie.

En el icono sucede algo diferente. Las líneas pueden abrirse hacia quien contempla la imagen, los objetos situados en profundidad no tienen necesariamente que disminuir y podemos encontrar superficies representadas simultáneamente desde varios ángulos. De este modo, el espacio deja de organizarse desde un único ojo inmóvil situado frente a la imagen.


No es simplemente una perspectiva al revés

A veces se explica la perspectiva invertida diciendo que consiste simplemente en invertir las reglas de la perspectiva renacentista, pero su funcionamiento es más complejo. En los iconos pueden coexistir varios centros de visión. Un edificio puede presentar distintas partes contempladas desde diferentes puntos de vista, una mesa puede mostrar simultáneamente superficies que no serían visibles desde una sola posición e incluso un rostro o una figura pueden construirse reuniendo aspectos que una mirada fija no podría percibir al mismo tiempo.

No existe necesariamente un único punto desde el que deba contemplarse toda la escena. El espacio iconográfico puede ser multifocal y cada elemento puede responder a una organización propia dentro del conjunto. La perspectiva invertida no es, por tanto, una perspectiva lineal colocada al revés, sino otra manera de concebir la relación entre la imagen, el espacio representado y quien se encuentra delante de ella.


Un espacio que se abre hacia el espectador

En muchas construcciones iconográficas, las líneas no conducen nuestra mirada hacia un punto situado en el fondo de la imagen, sino que se abren hacia delante. El punto hacia el que se orienta este espacio se encuentra fuera de la tabla, en el lugar ocupado por quien contempla el icono.

Esta construcción modifica profundamente nuestra relación con la imagen. Una pintura organizada mediante perspectiva lineal puede producir la sensación de que miramos a través de una ventana y penetramos visualmente en el espacio representado. El icono no pretende crear esa ilusión. Su espacio realiza un movimiento diferente: se abre hacia nosotros y establece una relación entre la imagen y quien se encuentra delante de ella.


El icono no busca crear una ilusión

Comprender este punto es esencial. El icono no intenta convencer al espectador de que detrás de la tabla existe un espacio físico semejante al nuestro. La tabla continúa siendo una superficie real y, aunque sobre ella aparezcan figuras, edificios, montañas, muebles y objetos dotados de profundidad y volumen, esa profundidad no pretende destruir el plano sobre el que están representados.

El icono no oculta que es una imagen. Su composición puede ser espacial y poseer profundidad, pero esa profundidad permanece vinculada a la superficie de la tabla. La perspectiva invertida contribuye precisamente a conservar esta relación: existe espacio, pero no una ilusión naturalista del espacio. La escena posee profundidad sin convertirse en una prolongación ficticia del mundo situado delante de ella.


¿Por qué algunos objetos parecen incorrectos?

Uno de los lugares donde resulta más fácil observar este fenómeno es la arquitectura. Podemos encontrar edificios de los que vemos simultáneamente la fachada y los laterales, mesas cuyas líneas se abren hacia el espectador, tronos construidos desde diferentes ángulos o libros en los que aparecen superficies que difícilmente podrían contemplarse desde un único punto de vista.

Desde las reglas de la perspectiva lineal serían construcciones imposibles, pero su presencia repetida y consciente dentro de la tradición muestra que no proceden de un desconocimiento del dibujo. El iconógrafo selecciona aquello que necesita mostrar y organiza los distintos elementos según la lógica de la imagen, sin quedar obligado a reproducir exactamente lo que observaría un ojo inmóvil situado frente a una escena.


Varios puntos de vista en una misma imagen

La iconografía puede reunir dentro de una misma composición diferentes puntos de vista. Por eso una parte de un edificio puede responder a una posición y otra a una diferente; los elementos no tienen necesariamente que compartir un único horizonte ni un único punto de fuga.

Esta multiplicidad permite mostrar más de aquello que se representa. El icono no queda limitado a reproducir un instante óptico, sino que construye una imagen en la que diferentes aspectos de una misma realidad pueden presentarse simultáneamente. La mirada no queda encerrada en una posición única, sino que recorre un espacio organizado de acuerdo con las necesidades de la representación.


La perspectiva invertida y el mundo del icono

El espacio y el tiempo del icono no pretenden reproducir simplemente las condiciones del mundo cotidiano. El color, la luz, la proporción, el gesto y el espacio forman parte de un lenguaje, y también la perspectiva participa de ese lenguaje.

Por eso la perspectiva invertida no debería estudiarse únicamente como una curiosidad geométrica. Está relacionada con la propia concepción de la imagen. La perspectiva lineal organiza la representación desde la posición del espectador y construye el espacio de acuerdo con su punto de vista. En el icono, esta relación cambia: el misterio representado no queda subordinado a la mirada de quien contempla, sino que el espectador se sitúa ante una realidad que conserva su propia organización.


Una imagen que viene hacia nosotros

Una forma sencilla de comprender esta diferencia consiste en observar hacia dónde parece dirigirse el espacio. Ante una pintura construida mediante perspectiva lineal podemos sentir que nuestra mirada entra en el cuadro. En el icono, en cambio, las líneas de una mesa, un trono o un edificio pueden abrirse hacia delante y hacer que el espacio parezca proyectarse hacia quien contempla la imagen.

El icono no conduce necesariamente nuestra mirada hacia un horizonte ficticio situado en la profundidad. La mantiene ante la imagen y establece una relación directa con ella. Por eso puede decirse que, en lugar de ser únicamente nosotros quienes entramos visualmente en la escena, es también la imagen la que se abre hacia nosotros.


Aprender a mirar antes de corregir

Para quien comienza a estudiar dibujo iconográfico existe una dificultad importante. Nuestra mirada está profundamente acostumbrada a imágenes construidas mediante perspectiva lineal, fotografía, cine y representación naturalista. Cuando encontramos una línea que no responde a esas reglas, nuestro primer impulso puede ser corregirla.

Sin embargo, al hacerlo podemos destruir precisamente aquello que pertenece al lenguaje del icono. Cuando copiamos un modelo antiguo no debemos modificar automáticamente una mesa, un edificio, un libro o un trono porque su perspectiva nos parezca equivocada. Primero debemos comprender cómo está construido y qué función cumple dentro del conjunto.

Una línea que desde nuestros hábitos visuales parece incorrecta puede ser justamente la que permite que el espacio iconográfico conserve su equilibrio. Aprender iconografía exige, por tanto, cierta paciencia: antes de corregir aquello que no comprendemos, debemos aprender a verlo.


Perspectiva invertida y lenguaje iconográfico

La perspectiva invertida nos recuerda algo esencial para el aprendizaje de la iconografía: no podemos juzgar el icono utilizando únicamente las reglas de otro lenguaje pictórico. El icono posee sus propios recursos para representar el rostro, el cuerpo, la luz, el color, el tiempo y también el espacio.

Comprender estos recursos no significa aprender una colección de fórmulas, sino educar progresivamente la mirada. Cuando dejamos de preguntarnos por qué el iconógrafo no dibujó un objeto como nosotros esperaríamos y comenzamos a preguntarnos por qué lo construyó de esa manera, empezamos verdaderamente a leer el icono.

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