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Perspectiva jerárquica en la iconografía bizantina

hace 4 días
4 min de lectura
La perspectiva jerárquica
Perspectiva jerárquica en un icono bizantino de la Transfiguración.

Cuando observamos un icono con varias figuras podemos advertir que sus tamaños y posiciones no siempre responden a lo que esperaríamos de una representación naturalista del espacio. Un personaje situado más lejos puede conservar un tamaño considerable, mientras que otras figuras ocupan lugares secundarios dentro de la composición.

Esta organización no debe interpretarse automáticamente como un error de proporción. En el icono, las relaciones entre las figuras pueden expresar también su importancia dentro de aquello que se representa.


¿Qué es la perspectiva jerárquica?

La perspectiva jerárquica es una forma de organizar la composición en la que el tamaño, la posición y la relación entre las figuras no dependen exclusivamente de la distancia física que aparentemente las separa del espectador.

En una representación naturalista, esperamos que las figuras disminuyan de tamaño a medida que se alejan. En el icono esta relación puede modificarse, porque la composición no está obligada a reproducir únicamente lo que vería un ojo situado frente a una escena.

El tamaño puede participar también en la expresión de la importancia que una figura posee dentro del acontecimiento representado.


El tamaño como parte del lenguaje del icono

En la iconografía, una figura no tiene necesariamente que ser más pequeña porque se encuentre aparentemente más lejos. Su tamaño puede responder a la función que desempeña dentro de la composición.

Esto no significa que exista una regla automática según la cual el personaje más importante deba ser siempre el más grande. El icono no funciona mediante fórmulas aisladas, sino mediante relaciones entre todos los elementos que forman la imagen.

Por eso, antes de interpretar una diferencia de tamaño, debemos observar el conjunto. La proporción de una figura puede estar relacionada con su posición, con las demás figuras, con la estructura geométrica de la composición o con el acontecimiento que ocupa el centro de la imagen.


La jerarquía también se expresa mediante la posición

El tamaño no es el único recurso mediante el que se construye una jerarquía. La posición dentro de la composición puede desempeñar un papel igualmente importante.

En algunos iconos encontramos una organización clara en diferentes niveles. Las figuras situadas en la parte superior pueden dominar visualmente la composición, mientras que las que aparecen debajo quedan relacionadas con ellas.

La Transfiguración ofrece un ejemplo especialmente claro. Cristo ocupa la zona superior y central de la imagen, mientras que los apóstoles aparecen en un nivel inferior. La distribución de las figuras no es simplemente una manera de llenar el espacio de la tabla, sino que establece visualmente una relación entre ellas.

Algo semejante sucede en la Ascensión, donde el ámbito superior presidido por Cristo y el grupo inferior de la Madre de Dios, los ángeles y los apóstoles forman dos niveles relacionados dentro de una única composición.


Centro, posición y tamaño

La jerarquía iconográfica se construye mediante varios recursos que actúan conjuntamente. Una figura puede adquirir especial relevancia por su tamaño, pero también por ocupar el centro de la composición, situarse en un nivel superior, aparecer rodeada por una mandorla o convertirse en el punto hacia el que se dirigen los gestos y las miradas de los demás personajes.

Por eso resulta insuficiente buscar una sola regla.

El icono debe contemplarse como una unidad. La figura principal no necesita imponerse únicamente mediante un tamaño mayor. La organización del conjunto puede hacer evidente su importancia incluso cuando sus proporciones no difieren de manera extrema de las demás.


Perspectiva jerárquica y perspectiva naturalista

Cuando contemplamos una pintura construida según criterios naturalistas esperamos que una persona situada en primer plano aparezca mayor que otra situada a cierta distancia. El tamaño contribuye a producir la sensación de profundidad.

En el icono esta relación puede alterarse. La necesidad de mostrar con claridad quiénes participan en el acontecimiento y cuál es su relación dentro de él puede prevalecer sobre una disminución estrictamente óptica de las figuras.

Por eso algunas composiciones iconográficas pueden resultar extrañas si intentamos interpretarlas como si fueran fotografías de un acontecimiento. El icono no pretende reproducir exactamente aquello que habría captado una cámara situada delante de la escena. Construye una imagen en la que cada figura ocupa un lugar dentro de un orden.


La composición como expresión de jerarquía

La perspectiva jerárquica no depende únicamente del tamaño de los personajes. Puede manifestarse en la propia organización de toda la composición.

Encontramos iconos en los que dos figuras o grupos se sitúan frente a frente, otros donde los personajes avanzan formando una procesión y otros en los que la escena se organiza mediante dos niveles claramente diferenciados.

En este último tipo, el plano superior adquiere una especial relevancia mientras que el inferior aparece relacionado con él. La Transfiguración y la Ascensión permiten comprender muy bien este procedimiento.

La jerarquía está presente, por tanto, antes incluso de que analicemos cada figura por separado. Se encuentra en la manera en que toda la imagen ha sido ordenada.


No corregir automáticamente las proporciones

Este principio tiene una consecuencia práctica importante para quien aprende a pintar iconos.

Cuando copiamos un buen modelo antiguo podemos sentir la tentación de modificar determinadas proporciones porque no coinciden con aquello que nuestra mirada considera natural. Una figura puede parecernos demasiado grande, otra demasiado pequeña o una relación espacial puede no responder a lo que esperamos.

Conviene no corregirla automáticamente.

Las proporciones iconográficas forman parte de un lenguaje visual específico. Modificarlas desde criterios exclusivamente naturalistas puede alterar las relaciones entre las figuras y cambiar el equilibrio general de la composición.

Antes de cambiar el tamaño de un personaje debemos preguntarnos por qué aparece representado de esa manera, qué relación mantiene con las demás figuras y qué lugar ocupa dentro del acontecimiento.


Perspectiva jerárquica y lenguaje iconográfico

La perspectiva jerárquica nos ayuda a comprender que el icono no organiza todos sus elementos según una única lógica óptica. La distancia, el tamaño, la posición y la importancia pueden relacionarse de una manera distinta a la que encontramos en una pintura naturalista.

Esto no significa que las proporciones sean arbitrarias. Al contrario, obliga al iconógrafo a comprender las relaciones internas del modelo y a respetar aquello que cada figura aporta al conjunto.

Cuando aprendemos a observar estas relaciones dejamos de preguntarnos únicamente si una figura está correctamente proporcionada según nuestra percepción cotidiana. Comenzamos a preguntarnos por qué ocupa ese tamaño, ese lugar y esa relación con las demás.

Aprender a leer esa jerarquía forma parte del aprendizaje del lenguaje del icono.

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